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Capítulo cinco......París

 

Necesitaba un descanso. Disponía de diez días de vacaciones y no le apetecía ir a España.

En la agencia de viajes del cuartel general de Kabul le dieron unos catálogos sobre viajes y estancia en Europa.

Estaba ojeándolos en la cafetería y dos jóvenes alféreces destinadas en servicios burocráticos se sentaron a su lado y le preguntaron sobre el viaje que estaba preparando.

Apenas las conocía de verlas por el cuartel general, pero al cabo de unos minutos compartían los catálogos y los deseos de hacer un viaje.

Una hora después, ya lo habían decidido. Un viaje a París, saldrían al día siguiente a las 10 de la mañana en vuelo de Air France, rumbo a París. Estancia de siete noches en el Hotel Des Arts en el Barrio de Montmartre.

.- No tenemos tiempo que perder, debemos preparar las maletas.

Al día siguiente las tres jóvenes volaban hacia París dispuestas a conquistar la ciudad de la luz.

El Hotel estaba en una calle empinada de subida a la Capilla del Sacre Coeur.

Habían reservado tres habitaciones dobles, por si surgía algo.

Comenzaron a dibujar en un mapa los planes a desarrollar en los siete días, no podían desaprovechar ni un solo minuto.

Cenarían en Montmartre y pasearían por las calles admirando a los pintores callejeros. Al día siguiente irían al mercadillo de La Bastille, muy cerca del Sena,  necesitaban comprar ropa mas actualizada, la moda en Kabul era muy limitada.

Después de cenar, Gloria y Sara decidieron ir a una Boîte y escuchar música bohemia.

Rebeca necesitaba respirar el aire nocturno de París y caminó por las calles de subida y bajada que bordeaban el Sacre Coeur.

A la puerta de un restaurante, dos jóvenes argelinos le dijeron algunas frases, pero los ignoró.

Uno de ellos se acercó a ella y la agarró fuertemente del brazo. Rebeca no tuvo tiempo de reaccionar, una mano surgió de la sombra y golpeó en el pecho al joven que cayó al suelo. Su amigo le ayudó a levantarse y huyeron calle abajo.

Escuchó una voz a su espalda hablándole en francés con un extraño acento.

.- Lo siento, no le entiendo, soy española, hablo inglés pero no entiendo el francés.

.- Perdón señorita, hablo un poco de español de un tiempo que viví en Colombia. Soy griego hijo de checos. La mezcla me sirve para entenderme con medio mundo.

Mi nombre es Andreas.

.- Rebeca.

Alargó la mano para estrechar la de aquel joven, de unos 35 años, rubio, alto, aproximadamente 1,90. Tenía el rostro con las facciones muy marcadas como los rostros que había visto en dibujos de la antigua Grecia, y una nariz pronunciada que le pareció hermosa.

.- Montmartre es un barrio peligroso durante la noche, no deberías ir sola por estas calles con poca luz. Aunque París sea la ciudad de la luz, en este barrio se han olvidado de pagar el recibo del suministro.

.- Gracias por tu ayuda y tu consejo. Estoy cerca de mi hotel y espero que no se me crucen mas niñatos.

.- Puedo acompañarte hasta tu Hotel? No se en que dirección vas, pero no me importa desviarme, tengo tiempo libre, no iré a trabajar hasta mañana por la tarde.

.- Está bien Andreas, no me importa que me acompañes.

Caminaron por la calle adoquinada hablando de las diferencias entre idiomas y personas de distintos lugares

Andreas le explicó que trabajaba en un restaurante griego en Montmartre desde hacía unos meses.

.-Te apetece cenar comida griega?

.- Gracias, pero ya he cenado con mis compañeras en el hotel.

            .- Ya son las dos de la madrugada y seguro que después de tu caminata tu estómago esta pidiendo comida, además, nunca se desprecia la comida griega.

            Si aceptas, yo mismo prepararé tu cena en el Restaurante de Aristoteles, esta a dos manzanas de aquí. Está abierto toda la noche y allí siempre hay fiesta.

            Rebeca sonrió ante el entusiasmo que ponía aquel joven desconocido en sus palabras.

            .- Está bien, iré a cenar contigo.

            Con una sonrisa enorme de satisfacción, Andreas cogió de la mano a Rebeca y aceleró el paso calle arriba. En apenas cinco minutos llegaron a un Restaurante muy iluminado, en su interior había gente bailando y una orquestina de tres músicos amenizaba la fiesta.

            Andreas fue a una de las mesas y retiró los servicios que había sobre ella, poniendo un mantel y cubiertos nuevos.

            Fue a la cocina llevando de la mano a Rebeca y la presentó a sus amigos.

            .- Esta es Rebeca, mi amiga española.

            Todos, incluso Rebeca, rieron  con sus palabras.

            Comieron carne con quesos, bebieron vino griego y Rebeca se sintió feliz, desconectada por completo de su vida habitual.

            Bailaron con aquella gente bulliciosa hasta el agotamiento.

            Ya eran las cuatro de la madrugada.

            .- Te llevaré ahora a tu hotel.  Quizas no volvamos a vernos, pero no podré olvidar estas dos horas que he disfrutado de tu compañia.

            Rebeca le miró sonriente.

            .- Donde vives?

            .- En el distrito 11, a unos diez minutos en taxi.

            .- Me invitas a una copa en tu casa? Quizas no tengamos oportunidad de hacerlo otra vez.

            Andreas habló con un cocinero y al minuto siguiente volvió conb las llaves de un coche en la mano.

            .- Vamos, ya tengo un coche.

            Vivía en un barrio antiguo de Paris, en un edificio sin ascensor, tuvieron que subir hasta el tercer piso por las escaleras, deteniéndose en cada descanso para besarse y acariciarse.

            La cama no era grande, pero fue suficiente para soportar las embestidas que Andreas lanzó al interior de la joven, que cabalgó sobre el hombre sintiendo como era penetrada hasta lo mas profundo de su ser.

            Acabaron los dos completamente agotados y dormidos. Un par de horas después, Rebeca se levantó de la cama sin hacer ruido.

            Estaba saliendo el sol, al otro lado de la calle había un taxi parado, levantó la mano y silbó.

            Llegó al Hotel y se duchó.

            Las dos alféreces ya estaban preparadas para salir.

            .- Donde has estado toda la noche? Pendona, que bien te lo montas.

            .- Algún día os lo explicaré. Ahora vamos al mercadillo de la Bastille.

            La larga calle estaba bordeada de puestos de ropa y artesanía hecha a mano.

            Al final de la calle en una enorme plaza estaba La Bastille, antigua prisión de la revolución.

            Cada una de ellas llevaba dos o mas bolsas en cada mano de todas las cosas que habían comprado.

            Se acercaron a un gendarme para preguntarle donde se encontraba el restaurante español 100 tapitas.

            El policía extrajo un plano de su bolsillo y les señaló en el mapa el lugar. Dirección sur unos cinco minutos caminando.

            Rebeca escuchó un fuerte estampido que reconoció perfectamente como un disparo de un Kalasnicofv AK-47.

El policía que hablaba con ella cayó al suelo. Un hilo de sangre salía de un lateral de su frente.

            Toda la gente a su alrededor se tiró al suelo.

Un joven de unos 20 años, disparaba a su alrededor con un fusil de asalto cogido con sus dos manos.

            Rebeca se dejó caer al suelo al lado del policía. Cuando hablaba con él, se fijó que llevaba una pistola Brno de doble acción. Conocía aquella arma a la perfección.

            Tuvo que girar el cuerpo del policía para que la pistola quedara al descubierto. La arrancó de su funda y sin dudarlo encaró el arma hacia el joven que disparaba en su dirección notando los proyectiles a su alrededor.

            Rebeca disparó dos veces sobre los brazos del joven terrorista, pero un giro del individuo hizo que el segundo disparo en lugar de dar en el brazo, le alcanzó la tetilla derecha y le lanzó hacia atrás cayendo de espaldas malherido.

            Pasaron varios minutos hasta que llegaron al lugar varios policías, a Rebeca se le hicieron eternos y permaneció con la pistola empuñada apuntando al joven terrorista, que estaba inmóvil en el suelo. Había varias personas heridas y quizás algún muerto.

            Rebeca fue encañonada y obligada a tirar el arma que todavía tenía en la mano.

           

           

            Las tres fueron llevadas a una comisaría de Policía de aquel distrito y seguidamente fueron alojadas en un Hotel de lujo cercano a la Gendarmería Principal de París.

Rebeca recibió la visita de un hombre elegante, de unos 50 años, rubio, muy peinado, vistiendo un traje azul marino con americana cruzada, una corbata lila. Alto, con porte de caballero inglés.

.- Mi nombre es Valerie Timón, agente especial del Servicio Secreto, me han encomendado su protección.

Las alféreces  se miraron sonrientes.

.- Si tenemos una protección así, yo no vuelvo a Kabul.

Valerie le explicó a las tres mujeres que lo que había ocurrido era un acontecimiento importante y grave y que gracias a la intervención de Rebeca, se había evitado una masacre. Habían muerto doce personas, una de ellas era policía. Al terrorista herido le habían intervenido varias granadas dispuestas para explotar y mucha munición sin disparar. El Presidente de la República se había preocupado de que fueran custodiadas en el tiempo que estuvieran en París e incluso después de que regresaran a España.

Se habían preocupado de que en las noticias no aparecieran imágenes suyas, ya que alguien podría estar interesado en vengarse.

En su lugar, se habían difundido imágenes de tres agentes femeninas para desviar la atención de los periodistas.

.- Mañana, el primer ministro quiere conocerla Rebeca. Debe Usted asistir a un almuerzo al que la invita en el Palacio del Elíseo. Yo la recogeré a las 11 de la mañana para trasladarla.

Ustedes dos pueden hacer vida normal, estarán protegidas en todo momento aunque no existe peligro, ya que nadie las puede reconocer. He puesto a una agente especial al servicio de Doña Rebeca. Se llama Icram, ya la conocerá cuando salga de su habitación. Tiene que acompañarla a donde vaya.

Valerie se despidió besando la mano a las tres mujeres que permanecieron en la habitación de Rebeca comentando lo que las estaba ocurriendo.

Cuando salían de la habitación dispuestas a recorrer París, una joven de unos 30 años, morena, alta, con rasgos árabes, se acercó a ellas.

.- Hola, soy Icram. Tengo ordenes de acompañarla a donde vaya.

.- Vale, nosotras somos, Gloria, Sara y Rebeca. Encantadas Icram.

La joven dijo que era marroquí y que había vivido en España cinco años. Pertenecía al Servicio Secreto Exterior Frances y era la ayudante de Valerie, Comandante del Servicio Secreto.

.- Tengo un coche para llevarlas a donde deseen ir.

.- Tuteanos, si tenemos que estar juntas es mejor que nos tratemos y seamos amigas. Además, somos casi colegas, somos militares.

Las llevó al Teatro de Montparnasse, y pudieron disfrutar de la Bella y la Bestia.

Caminaron por las calles cercanas al rio las cuatro cogidas del brazo, ocupando gran parte de las aceras.

Cenaron en un restaurante italiano, Rebeca quiso pagar, pero Icram no se lo permitió.

.- Sois invitadas del Gobierno Francés y tengo una tarjeta para cubrir todos vuestros gastos mientras estéis en París.

Ya en la habitación del hotel, Icra y Rebeca charlaron hasta muy tarde.

La agente le explicó que además de ser recibida por el Primer Ministro, estaba previsto que el Presidente de la República y la alcaldesa de París también la recibirían en un día próximo. Las autoridades estaban muy agradecidas por el servicio prestado al país.

.- Te interesaría pertenecer al Servicio Secreto francés? El Comandante Valerie estaría encantado de contarte entre sus agentes, no hablas el idioma, pero eres buena tiradora, tienes iniciativa…….todo sería cuestión de prepararte.

.- Jajajaja, soy una simple Teniente del Ejercito español destinada en Afganistan. Mi vida ya es lo suficientemente activa.

La propuesta me atrae, pero….. tengo todo en España y amo al ejercito.

.- Podrías intentarlo.

 

A las once de la mañana un enorme Jaguar estaba estacionado en la puerta del hotel.

El elegante Comandante Valerie vestía un traje gris de rayas y abrió la puerta trasera del vehículo para que entrara Rebeca.

Se había puesto una camiseta de ACDC gris y una falda negra hasta la rodilla, unos botines negros y un chaquetón negro cruzado.

.- Cree Usted que voy bien para ver al Primer Ministro?

.- Es usted muy elegante y atractiva, no importa la ropa que vista, lo importante esta en la luz que irradia.

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