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…………. Caminamos por la arena hasta la Barceloneta, eran más de las cuatro de la madrugada y a esas horas es muy difícil conseguir un taxi en Barcelona.

Cogidos de la mano como dos adolescentes fuimos subiéndola Vía Layetana. El Tiboli estaba abierto, y entramos a tomar un cortado. En Barcelona nadie te mira aunque vayas vestido de smoking y vestido largo. Cada uno va a lo suyo y nadie se preocupa de los demás.

Apenas hablábamos, no teníamos nada que decirnos, nuestros ojos hablaban por nosotros, los míos estaban radiantes de felicidad.

.- Quiero que esta noche duermas en mi casa, y mañana te prepararé un fantástico desayuno. Que te parece mi idea?

No puse impedimentos, estaba deseando volver a sentir a Alberto en mi interior.

Ya no hicimos más intentos de conseguir un taxi. Caminando llegaríamos al domicilio de Alberto en quince minutos. Con mis zapatos en una mano y con la otra cogiendo la mano de Alerto, fuimos caminando despacio. No teníamos prisa, estábamos juntos y eso era suficiente para nosotros.

Eran las seis de la mañana y un resplandor comenzaba a brillar en la parte baja de la ciudad. El sol, como todos los días, salía de las entrañas del Mediterráneo. Era el milagro del nacimiento del nuevo día.

Alberto abrió la puerta de entrada al edificio de la calle Valencia. Vivía en la 6ª planta en un pequeño apartamento que pudo mantener como suyo después de la separación con su esposa.

En el ascensor nos besamos y acariciamos. Calentó mis pechos que se habían enfriado con el frescor de la madrugada y que mi pashmina no había podido mantenerlos calientes. Mis pezones estaban duros y erguidos por el frio y agradecieron el calor de las manos de Alberto.

Salimos del ascensor riendo.

Alli, delante de la puerta de entrada al apartamento de Alberto estaba Sonia, la abogada. Vestida con un vestido azul marino sin mangas, no llevaba abrigo y estaba tiritando de frio.

.- He estado aquí toda la noche esperándote. Por qué has ido al Liceo con ella? No te das cuenta de que es una niñata, que puede ser tu hija?

.- Sonia, estas loca? Que haces aquí?

.- Si….estoy loca….loca por ti, y no quieres darte cuenta. Esa niña solamente te complicará la vida.

.- Es mi vida y si me la complico es mi problema. Vete a tu casa, no tienes motivos para estar aquí.

.- No me iré, será ella la que se vaya, por las buenas o por las malas.

Sonia metió su mano en el bolso y extrajo un revolver plateado.

Alberto se puso delante cubriendo mi cuerpo.

.- Guarda ese revolver y vete de aquí.

La mano de Sonia estaba temblorosa e intentaba apuntarme, pero Alberto estaba en medio.

Sonaron cinco disparos. Fueron unos enormes estampidos y fue lo último que pude escuchar hasta que desperté en un hospital. Al abrir los ojos vi a mi padre a un lado de la cama y a mi madre a los pies.

Apenas pude articular una palabra

.- Alberto…….

Mi padre se acercó a mi.

.- Descansa, has perdido bastante sangre y estas débil. Procura no hablar.

Repetí mi palabra, ahora con mas fuerza

.- Alberto.

.- Descansa Rebeca, ya hablaremos mas tarde.

.- Dime como esta Alberto, por favor.

.- Lo siento Rebeca……ha recibido un disparo que le atravesó el corazón y murió en el mismo lugar donde esa loca os disparó. Ella está detenida.

Intenté llorar, pero no tenía fuerzas.

Tenía cuatro impactos de bala de los disparados por Sonia. En el hombro derecho en la cadera derecha, en el muslo derecho y en la pantorrilla izquierda. Ninguno de los disparos había afectado a órganos vitales ni me había tocado en los huesos, todos ellos eran perforaciones limpias.

Mi recuperación fue rápida. En diez días salí del hospital y mi recuperación total se produjo en dos meses. Había perdido cinco kilos y tenía que recuperarlos rápido.

Era Agosto y el 15 de Septiembre tenía que presentarme en la Academia General Militar de Zaragoza.

La imprenta estaba cerrada desde la muerte de Alberto, así que solamente me despedí de Fermín en la Granja.

.- Suerte niña, ojalá que disfrutes de la vida a partir de ahora. Ya has sufrido demasiado en los pocos años que has vivido.

Nos abrazamos y permanecimos entrelazados un largo rato, notando como nuestros corazones latían fuerte. Nuestra despedida fue justo eso…una despedida para siempre.

 

Mi padre me compró un Renault Clio color rojo, parecía un escarabajo. Para mí era suficiente coche hacer viajes desde Barcelona a Zaragoza, poco mas de 250 kilómetros.

El 15 de septiembre metí las maletas en mi Clio y salí por la Diagonal en dirección a la Autopista. Todo el trayecto cantando a pleno pulmón acompañando la música del mp3 del coche. De esa forma, conseguí dejar de recordar y llegar en poco más de tres horas a mi destino.

Mi padre se había preocupado de reservarme habitación en la residencia de la Academia. Por su condición de Oficial superior me concedieron una habitación que sería la envidia de una suite de un hotel de cinco estrellas.

Después de conocer a los primeros compañeros con los que compartiría mi vida durante dos años, aquella tarde salimos de paseo por la calle del Casco en Zaragoza.

Rafa, gallego, 20 años, hijo de un Teniente Coronel de la Guardia Civil de Pontevedra, cabello rubio, con la cara llena de pecas, estatura 1,75, músculos de gimnasio, su ilusión, obtener la nota suficiente en la Academia General Militar para ir a Aranjuez a la Academia de Oficiales de la Guardia Civil.

Sara, de Menorca, 21 años, hija de un notario, delgada pero musculosa, no es guapa, pero todo en ella es atractivo, tiene ese tipo de belleza salvaje y tierna a la vez,  sus pechos son pequeños, proporcionados con su cuerpo delgado, pelirroja con melena ensortijada, ojos azules como el agua de mar en zonas poco profundas, mirada de gata traviesa, mide 1,70, su ilusión …… un misterio como toda ella.

Amalia, de Tarragona, 21 años, morena, media melena cortada al estilo de Cleopatra, su padre trabaja en Hacienda, su rostro es hermoso y de apariencia ingenua, su belleza es llamativa y explosiva, pechos firmes y desafiantes, tiene la misma estatura que Sara, pero no tan delgada, tiene un tatuaje en la nuca que recorre todo el centro de su espalda finalizando en  la última de sus vertebras, su ilusión, conseguir ligar a alguno de los guapos cadetes de cursos superiores de la Academia.

Y en medio de ellos, yo, a punto de cumplir 20 años, hija de un Coronel de Infantería y de una funcionaria de prisiones,  casi triste, casi sola viuda? ……… y por primera vez en mi vida, bebiendo vinos tintos de bar en bar.

Cuando llegamos a la Academia sobre las 11 de la noche mi cabeza daba vueltas sin parar. Sentí mareos y tuve que vomitar en el baño. Aquella primera noche en la academia creí morir de la angustia que sentía en mi estómago.

A la mañana siguiente estuvimos corriendo de un lado a otro, recogiendo uniformes, libros, conociendo la academia, todo a toque de corneta. Eso sirvió para hacerme olvidar el malestar que sentía en el estómago y la cabeza.

Nos adjudicaron las habitaciones. Eran camaretas divididas en seis habitaciones individuales, con baños comunes, lo suficientemente amplios y con los suficientes servicios y duchas.

Sara y yo coincidimos en la misma camareta y en habitaciones contiguas. A Amalia la alojaron en la siguiente camareta.

A las 11,00 tuvimos la primera clase, un Comandante nos explicó cómo iban a ser nuestras clases, como iba a ser nuestro modo de vida en los próximos dos años, y nos dio la primera lección de doctrina. Aunque no entendí absolutamente nada, pensé que todo parecía muy fácil, era el principio.

A las 11,50 cambio de ropa para estar a las 12 en el patio a hacer instrucción, jajajajajajaja, para mi aquello era lo más complicado, manejar un fusil de asalto como si fuera un palo que había que mover con soltura, o mantenerlo pegado al costado sin moverse, me parecía un arte.

A las 12,50 cambio de uniforme por camiseta y pantalón corto y salir de nuevo  corriendo al patio para hacer unas tablas. La ropa de gimnasia no era precisamente muy favorecedora, pero era la obligatoria.

Los militares, son los inventores de la hora y cincuenta minutos, para estar a la hora en punto de nuevo en formación ……… bueno, aquello era lo que habíamos elegido.

Día a día las clases se fueron complicando. Había asignaturas que no tenían nada que ver con la vida real, o así lo creíamos nosotros. Los profesores nos exigían mas y mas, de todas formas, siempre teníamos un momento para estar juntos en la cantina e ir conociendo a los más de ciento treinta nuevos compañeros que nos habían tocado en suerte.

Rafa nos contaba las bromas que solían hacerse los cadetes, en cada camareta había veteranos y novatos, y estos siempre pagaban las bromas que les hacían. En cambio entre las mujeres no había este tipo de bromas y juegos.

Los veteranos hacían sus intentos de acoso y derribo con las veintidós chicas nuevas. Unas sufrían más que otras sus ataques. En dos ocasiones tuve que enfrentarme a aquellos machitos que me asediaban y eso me hizo ganar la fama de “borde” y así fue como me bautizaron.

A Sara la llamaban “panocha” y a Amalia la llamaron “la caliente” pero no le importaba, ya había hecho planes para el siguiente fin de semana con cadete de tercer curso llamado Paco “el duro” un tipo alto y fuerte con la nariz torcida y dueño de un audi S-8.

Rafa le advirtió que tuviera cuidado con aquel tipo, tenía fama de violento, en especial con las mujeres.

 .- Estas celoso?  No te preocupes, se cómo tratar a los hombres.

El viernes en clase de gimnasia, al saltar el plinto, Sara tropezó y se hizo daño en un tobillo. Fue a la enfermería le pusieron una tobillera y la obligaron a estar todo el fin de semana de reposo en la academia.

Salí con Rafa, paseamos por las calles de Zaragoza, el ambiente era muy estudiantil. Por las calles del Casco viejo vimos a Amalia con su amigo besuqueándose por la calle. nos cruzamos con muchos de los compañeros de la academia. A las 7 le dije a Rafa que no me encontraba bien y regresé para ver como se encontraba Sara.

.- Hola polvorilla, ya he vuelto, no podía estar sin ti.

Se alegró al verme, pero sus ojos estaban tristes y noté que había llorado.

.- Que te ocurre? Estas así por haberte quedado castigada sin salir?

.- Son tonterías mías, no te preocupes, ya se me pasará.

.- No puedo consentir que estés triste, cuéntame que te pasa e intentaré solucionar tus problemas.

Noté que estaba deseando desahogarse y soltar todo lo que la estaba oprimiendo. Nos sentamos en el borde de la cama y cogí su mano entre las mías, esperando que se decidiera a hacerme sus confidencias.

.- Antes de venir a la academia tenía un novio en mi pueblo, Alaior cerca de Mahón en Menorca, solamente fuimos novios seis meses, pero yo creía que era el hombre de mi vida. Cuando le dije que iba a la Península a examinarme para hacer mi carrera militar, se burló de mí. Le parecía que eso de la milicia era cosa para hombres y a mi me consideraba una “muñequita” muy débil y delicada para vivir una experiencia tan dura. Me demostró tener muy poca confianza en mí, y me demostró con más fuerza su machismo en el momento  que me dijo que no estaba dispuesto a seguir con lo nuestro en el caso de que siguiera con mi idea. Así que, aquel mismo día dejamos aquella historia que yo creía de amor por dos bandos, pero que solamente era una parte la que amaba.

.- Ese chico es un estúpido y no sabe lo que se pierde.

La besé en la frente y ella apoyó su cabeza en mi pecho y lloró unos minutos mientras  acariciaba su cabello. Era como una mariposa frágil y delicada, temerosa de encontrarse sola. Se percibía su necesidad de recibir el calor de un ser amado que la abrazara.

.- Pienso en mi familia, en mi abuela que me ha cuidado y está muy delicada. Allí en la Isla tenemos un concepto muy alto de la familia, y estamos muy unidos. Nos cuesta mucho trabajo acostumbrarnos a vivir fuera de la Isla, nos amoldamos a los espacios pequeños y tenemos miedo a los grandes espacios con mucha gente.

Esbozó una sonrisa.

.- Lo siento, me he lanzado, no puedo contenerme cuando comienzo a hablar de Menorca, poco a poco te contaré como es nuestra Isla.

Nos sorprendió el toque de corneta anunciando fajina para ir a cenar. Besé sus ojos para secar sus lágrimas. Sara dibujó una dulce sonrisa y fuimos corriendo cogidas de la mano hasta el comedor.

El domingo no salí de la academia, me sentía obligada a acompañarla, en aquellos momentos, era la única amiga que teníamos una y la otra.

Pasamos el día sentadas en mi cama, Sara con mi camiseta roja con un enorme piolín amarillo y yo con otra de mis  camisetas, la  favorita,  negra con un dragón blanco.

.- El próximo 13 de Octubre cumpliré 20 años. No sé si tendremos puente por ser El Pilar, si no puedo pasarlo con mis padres lo celebraré contigo.

Sara  quedó pensativa unos instantes.

.- Puffffff, ahora tengo otro problema…….tengo que pensar que podré regalarte.

Reímos, seguimos contando nuestras cosas,  jugando al parchís y viendo la tele.- Sara no dejaba de hablar de Menorca, poco a poco fui conociendo sus calas, sus faros, sus recintos militares, la pequeñez de la Isla. La tranquilidad y la paz que se respira.

.- Solamente tenemos un monte, el Monte Toro, tiene poca altura y desde el Monasterio que hay en su cima se puede ver casi toda la Isla, y si el día está limpio se puede ver muy a lo lejos Mallorca.

Poco a poco fue describiéndome su hermosa  Isla, y cada vez fui notando que todo lo que me describía se parecía a ella.

.- Hay un pueblo de marineros en la parte este de la Isla de la que me siento especialmente enamorada, se llama Biniveca, sus casas son inmaculadamente blancas, las casas están enlazadas entre ellas y solamente hay pequeños callejones peatonales para pasar de entre ellas hasta llegar al puerto.

De pronto llegó Amalia que comenzó a hablar como una cotorra.

.- Lo hemos pasado pipa, Paco me ha llevado al cine y he tenido que hacer muchas peripecias para  controlarlo, pero en cuanto me descuidé mi tanga había desaparecido. Paco tiene unos labios carnosos y deliciosos y un culo sensacional.  Después compró una botella de cava y fuimos a una pensión. El bebió entre mis pechos y eso me excitó muchísimo, ya no me importó lo que pudiera ocurrir y me entregué sin freno. Jajajajajajajaja, me siento feliz y satisfecha. No podéis imaginar la cantidad de cosas que se pueden hacer con un hombre. Le he tenido a mis pies, sumiso, pisoteado, le he enseñado quien era la que mandaba, le he hecho disfrutar y el me lo han entregado todo. Hemos gastado una caja de preservativos.  Ha sido fantástico, en cuanto tenga oportunidad lo repetiré, pero con otro. Y vosotras?  Habéis hecho algo en el finde? Lo dijo todo de un tirón con la mayor naturalidad.

Sara y yo nos miramos y eludimos hacer comentarios, pero nuestros pensamientos coincidían en creer que Amalia no acabaría bien.

Pasaron dos semanas más.  Aquello ya iba cogiendo color y nuestras mentes y cuerpos se iban acostumbrando a la excitante vida de la academia, las críticas en voz baja en el comedor por la comida, las carreras, los cambios de uniforme por ropa de deporte  y de nuevo cambio a uniforme, los estudios, la instrucción, los momentos divertidos en la cantina, las aventuras de Amalia con sus continuos cambios de novio, ahora decía estar enamorada de un profesor, pero que él no la miraba a pesar de los gestos insinuantes que había utilizado para conquistarle. La estaba haciendo sufrir y aquello no lo soportaba.

Sara continuaba triste y ausente. No prestaba atención en las clases y llegó el momento de los exámenes.

Mis notas fueron bastante altas, a excepción de dos asignaturas en las que conseguí un cinco raspado, mis bestias negras …. Doctrina y Topografía.

Para Sara las notas fueron un poco más complicadas, solamente un cuatro en Constitución, otro cuatro en Penal Militar y el resto de las asignaturas aprobado justito, pero sorprendentemente en Topografía consiguió un 8 ……. al menos sabía dónde se encontraba en cada momento.

La Profesora de Topografía era la Comandante Ribas, que desde el primer día mostró un especial interés en Sara. La ponía como ejemplo y decía que era una alumna con gran sentido de la orientación y tener una excelente lógica para las proporciones.

El 12 de Octubre coincidía en Jueves y nos anunciaron un puente desde las 13 horas del día 11 hasta las 8 de la mañana del lunes 16.

Sara me dijo que ella no pensaba ir a Menorca, prefería estar lejos y no tener que encontrarse con algo o alguien que pudiera hacerla sufrir. Además, en ese puente iba a aprovechar para estudiar a tope. Había cambiado las guardias con otro compañero, de esa forma, alguien saldría favorecido. Los próximos días 12 por la tarde y la noche del 14 al 15 tendría guardia y el resto de los días estudiaría y haría un poco de músculo en el gimnasio.

Yo  tenía ya preparada la maleta, miré a Sara y decidí quedarme. Mis padres me habían visto el 15 de septiembre, todavía no había pasado un mes, y no creo que me echaran mucho de menos. Nadie me esperaba en Barcelona, solamente tristes recuerdos. No lo dudé. ¿Donde estaría mejor que con mi amiga? Además, me apetecía celebrar mi cumpleaños con ella.

El viernes, dormía profundamente, Sara me despertó suavemente dando veinte tirones a mi oreja.

.- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseo Rebeca ….. cumpleaños feliz. Vamos dormilona, arriba, ya son las 10.

Puso una bolsita de terciopelo azul sobre mi pecho y me dio un ligero beso en la punta de mi nariz.

Abrí la bolsa. Engarzados en un cartón rugoso había dos pendientes de plata con forma de pequeños dragones.

La abracé agradeciendo su detalle.

.- Cuando los has conseguido? Hace muchos días que no sales a Zaragoza.

.- Se los encargué a Rafa, le hice un dibujo de lo que deseaba y recorrió todas las tiendas y joyerías de Zaragoza hasta que encontró algo parecido a lo que yo le había pedido.

.- Son guapísimos, gracias.

.- Espera, no te los pongas todavía, primero vamos al circuito a hacer unos kilómetros.

Siempre duermo con una camiseta de manga corta y una braguita. Me quité la camiseta y noté la mirada de Sara hacia mis pechos desnudos. Vestí una camiseta blanca de tiras y un pantalón azul corto de deporte, exactamente iguales a la camiseta y pantalón de Sara y salimos de la camareta

Hicimos flexiones de calentamiento y corrimos 12 kilómetros a toda la velocidad que nuestros cuerpos daban de sí. Parecía que huyéramos de algo o que quisiéramos desahogarnos sudando.

Al regresar a la camareta nos sentamos en el banco de madera de la entrada de las duchas para quitarnos las zapatillas y desnudarnos.

Sara se quitó la camiseta y dejó al descubierto unos preciosos pechitos infantiles cubiertos de pecas, todavía incompletos en su formación, con unos pezones pequeños,  puntiagudos y desafiantes hacia el cielo. No podía apartar la vista de su cuerpo desnudo.

Soltó la cinta que sujetaba su cabello, me acerqué  y pasé una mano por su cara para separar los pelos que se pegaban a su rostro por el sudor.

Ella levantó su vista hacia mí y vi como sus lágrimas caían por sus pómulos mezclándose con su sudor.

La abracé con fuerza y con una mano intenté separar el cabello de su cara y secar sus lagrimas.

.- No llores, por favor, o me harás llorar a mí también.

Sentí como nuestros pechos se rozaban. Nuestras pieles se fundían y resbalaban por el sudor de nuestros cuerpos desnudos.

La besé en la frente, mientras acariciaba su cabello.

Besé sus ojos llenos de lágrimas.

No sé cómo ocurrió. Sara levantó su rostro y acercó sus labios a los míos.

Nos besamos de una forma dulce, nuestros labios hicieron un recorrido repasando cada rincón de nuestro rostro y boca.

El  olor de nuestros cuerpos sudados hacía crecer nuestros instintos más salvajes.

Nuestras lenguas se fundieron en un solo elemento, la dulzura se convirtió en pasión. Mordía sus labios al sentir como ella apretaba sus dientes en mis labios y lengua. Acercaba y alejaba su boca de la mía, jugando como el gato hace al intentar morder y separarse de su presa.

El sabor salado de su piel me pareció delicioso, no podía contenerme y mis besos se convirtieron en lamidos.

De pie, muy cerca de la puerta de las duchas, corríamos el peligro de ser sorprendidas por alguien. Abrazadas y sin dejar de besarnos fuimos dando pasitos hacia mi habitación.

Nos sentamos al pie de mi cama. Sara dejó caer su cuerpo quedando tumbada boca arriba con sus piernas colgando de la cama y balanceándose.

Me arrodillé en el suelo, mis manos fueron muy hábiles para sacar su pantalón de deporte, quedando al descubierto un tanga amarillo con topitos verdes que apenas cubrían su tesoro.

Mis labios comenzaron a  besar sus rodillas y noté como el cuerpo de Sara se envaraba. Besé sus pantorrillas y besé los dedos de sus pies uno a uno.

Escuché la risa de Sara al sentir cosquillas. Subí por sus piernas largas y esbeltas. Separó sus muslos, y comenzó a retorcer su cuerpo al sentir mis labios por el interior de su piel, suave y aterciopelado.

Besé la parte frontal de su tanga, sintiendo el dibujo de su sexo. Besé su ombligo, y llegué con mis labios hasta su cuello dejando atrás sus deliciosos pechos…..quería dejarlos para el final como el mejor de los manjares.

Besé sus pómulos, sus ojos, su frente, su larguísimo cuello, besé sus hombros, mis labios recorrieron su brazo, besé sus axilas, y rocé suavemente sus pechitos con mis labios. La punta de mi lengua rodeó sus pezones. Su sabor era delicioso.

Mordí la tira del tanga hasta que conseguí cortar con mis dientes la fina tela.  Tenía una pequeña tira de vello pelirrojo que coronaba su pubis. Pasé la punta de mi lengua y el cuerpo de Sara se contrajo y relajó entregándose a mis caricias.

Recorrí con mis manos todo su cuerpo, y ella hacía lo mismo con el mismo. Las dos estábamos experimentando un nuevo descubrimiento y acariciábamos y besábamos cada rincón de nuestros cuerpos sabiendo perfectamente cuales eran los puntos donde podríamos darnos mayor placer. Mientras disfrutaba del sabor de su piel, ella recorría de manera experta todo lo que los giros de su cuerpo le permitían.

Nadie podía escuchar nuestros gemidos ni los gritos de placer que salieron de nuestro interior con los innumerables orgasmos que sentimos …………….., nuestras cinturas se movieron como serpientes, nuestras caderas hicieron el baile del placer al sentir las caricias de nuestras manos y labios ……. Nuestros cuerpos se estremecieron hasta quedar extenuados. Las dos cruzadas en mi cama, parecíamos dos marionetas  desmadejadas, completamente desnudas, mirando al techo y cogidas fuertemente de la mano.

Eran casi las dos de la tarde, era mi cumpleaños y teníamos que celebrarlo. Llamé a Telepizza y pedí una pizza familiar cuatro estaciones, una tarta de limón y una botella de cava Gramona bien frio. Comimos y bebimos toda la botella, fue una comida inolvidable.

Acompañé a Sara en sus guardias, hablamos de nuestros gustos, deseos y sueños,  de nuestras ilusiones y metas, de nuestros proyectos,   nos contamos nuestros secretos más íntimos, como habíamos disfrutado de los hombres de nuestras vidas, cuáles eran nuestras formas favoritas para hacer el amor, donde habían sido los lugares más disparatados donde lo habíamos hecho, cuáles eran nuestros puntos más sensibles …….. reímos, nos acariciamos y nos amamos apasionadamente todo el tiempo del que pudimos disfrutar para nosotras solas.

A pesar de todo lo ocurrido, nos dimos cuenta de algo ……………… no somos lesbianas y pronto nos enteraríamos del por qué no lo somos.

 

 

Capítulo dos

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